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En el momento de la naturalización, el nuevo ciudadano estadounidense debe prestar juramento de lealtad a su nuevo país y renunciar a su ciudadanía anterior. Una ulterior conducta inconsistente con estos actos puede poner en riesgo, teóricamente, el status en los Estados Unidos de la persona en cuestión.
Sin embargo, y contrariamente a lo que fue la norma en el pasado, el Departamento de Estado ya no se interesa activamente en los casos de esta naturaleza, sobre todo cuando se trata de países que no reconocen ningún efecto del juramento respectivo sobre sus leyes de ciudadanía.
Este es el caso de la mayoría de los países del mundo: aunque uno de sus ciudadanos declare haber renunciado a su ciudadanía, la misma no es efectiva sino se dan los pasos que fijen sus leyes de ciudadanía.
Para ser claros: La obligación de renunciar a la anterior ciudadanía para adquirir la estadounidense SIGUE estando en vigencia, pero el Departamento de Estado dejó de aplicar sanciones cuando el país de origen se niega a reconocer dicha renuncia.
Sin embargo, hay que tener en claro que esta conducta es el resultado de decisiones administrativas y no de leyes, por lo que pueden cambiar en cualquier momento.
Es necesario, entonces, un poco de cautela, sobre todo cuando se trata de participar en acciones públicas que demuestren a las claras que se sigue EJERCIENDO la ciudadanía anterior (como votar, servir en las fuerzas armadas, ocupar cargos públicos, etc.).
Tenga en cuenta también que los ciudadanos de los Estados Unidos sólo puede ingresar o salir del país con el pasaporte estadounidense. No muestre ningún otro pasaporte e identifíquese solamente como ciudadano estadounidense.
Si llena papeles oficiales de su país de origen, no omita mencionar (salvo que sea imprescindible) que es ciudadano de los Estados Unidos. Existen antecedentes de personas que perdieron su ciudadanía por hacer eso.
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